Paquetear
Publicado el 8 Mayo, 2010
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En países como Argentina, Bolivia o Uruguay se dice que alguien es un paquete (o una paqueta) cuando muestra un esmero desmedido en su arreglo, en su vestimenta o en sus modales. También se emplea para calificar a una prenda de vestir, a una vivienda e incluso para definir una celebración. “Una fiesta paqueta”, podríamos afirmar.
Así pues, tomando como definición de paquete la anterior, nada que ver con la acepción más común de envoltorio, emplearemos el infinitivo paquetear, recogido en el RAE, como sinónimo de presumir, fardar, chulear, alardear, vanagloriarse, jactarse, creerse o fanfarronear.
En Costa Rica, la palabra rara paquetear significa mentir; decir lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa. Otros términos con un uso similar son engañar, falsificar, fingir, calumniar e inventar (no inventos útiles, sino patrañas).
Además de los mencionados, la palabra paquete tiene otros significados en lengua castellana. Enumero algunos de ellos: conjunto de servicios o requisitos, persona que va en la parte trasera de una moto, castigo o sanción, bulto de los órganos genitales masculinos, conjunto de programas o de datos y persona especialmente torpe.
Bochinche
Publicado el 1 Mayo, 2010
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La palabra rara bochinche es más popular en América del Sur que en España, donde prácticamente ha caído en desuso. Es sinónima de tumulto, barullo o alboroto, aunque en algunos países como México se utiliza también para describir un baile o una fiesta.
Según la RAE, un bochinche es además un chisme a veces calumnioso, contra una persona o familia, que cobra mayor proporción y maledicencia a medida que se transmite de boca en boca y la bola crece. Curiosamente, describíamos hace algunas semanas en este mismo blog la palabra rara vidajenear, estrechamente relacionada.
En América, hay constancia documentada del término bochinche desde principios del siglo XIX. Así, el general Francisco de Miranda, precursor de la emancipación del continente con respecto a los colonizadores españoles, afirmó desengañado lo siguiente en 1812: “¡Bochinche!, ¡bochinche! ¡Esta gente no es capaz sino de bochinche”.
Sobre el origen de la palabra, hay quienes defienden que proviene del vocablo buche, equivalente de buchada (agua que llena la boca). De ahí procedería bochincho (sorbo), cuya identificación con las tabernas habría derivado finalmente en el significado de fiesta o baile. Y claro, ¿hay fiesta o baile sin tumulto, barullo o alboroto?
Bochinche, bochinchear, embochinchar, bochinchero, bochinchoso… Palabras raras, sí; pero perfectamente válidas.
Chirene
Publicado el 27 Abril, 2010
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El término chirene es un localismo originario de Bilbao, ciudad situada al norte de la Península Ibérica, en territorio vasco, y, según sus habitantes, la mismísima capital del mundo. Pues bien, allí, precisamente allí, nació la palabra rara del día; entre edificios de rancio abolengo, calles de indiscutible personalidad, la ría que observa con atención, puentes y paseos de renovada factura, recuerdos industriales y el museo más titánico jamás imaginado.
Se dice de alguien que es chirene cuando es graciosillo, simpático, divertido, ocurrente… Los chirenes suelen ser los reyes de la fiesta. Es cierto que son algo extravagantes y acostumbran a dar la nota, pero se les quiere, son salerosos y caen bien. Es éste, sin duda, un adjetivo que se adjudica con cariño, no en vano ser de Bilbao implica en sí mismo ser algo chirene.
Bilbaínos y bilbaínas tenemos fama de fanfarrones y, la verdad, es en parte cierto, para qué negarlo. Somos chirenes en fondo y forma y presumimos de ello. Sólo nosotros lucimos la txapela -gorro típico similar a una boina- con arte y soltura. Y eso hace mucho, nos da un porte inigualable.
Tal es la fama de esta ciudad que incluso los nacidos más allá de sus baldosas reclaman para sí su pertenencia a la urbe. “Los de Bilbao nacemos donde queremos”, afirman reinvidicativos tan chirenes personajes. Y claro, nosotros les acogemos. Porque otra cosa no tendremos, pero acogedores somos, faltaría más.
Y qué decir de los chistes de Bilbao, una forma tan chirene como otra cualquiera de vanagloriarnos.
Ejemplo 1:
-Hola, buenas, ¿me da un mapamundi de Bilbao?
-¿Margen derecha o margen izquierda?
Ejemplo 2:
-Oye, Patxi, ¿y a ti qué te daba el segundo ejercicio?
-Me daba infinito.
-Aibalaostia, ¿sólo?
Zaborrero
Publicado el 20 Abril, 2010
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Según la Real Academia Española (RAE), la palabra rara zaborrero (o zaborrera, en femenino) se utiliza en el contexto laboral para calificar a aquellos obreros que trabajan mal, que son chapuceros. Y bien, no quisiera excederme con un colectivo, el de los “curritos”, que lleva miles de años levantando países con más sudor que alegrías, pero, reconozcámoslo, hay peones malos… muy malos.
Zaborreros y zaborreras abundan en todos los sectores del mercado laboral –y fuera de él-, pero es especialmente escandaloso el porcentaje de paletillas del tres al cuarto que, en comandilla, prometen mil y unas mejoras en hogares de todo tipo. Sin compromiso. Sin seriedad. Hablo de albañiles, de electricistas, de fontaneros, de pintores de brocha gorda y de otros representantes gremiales que, lejos de honrar la profesión, tiran su prestigio por el suelo. Sin pudor. Sin vergüenza. Por un puñado del vil metal que incita al pecado del mundo.
En mi opinión, son también zaborreros los ‘cambiapiezas’ del sector del automóvil, los gurús de la medicina milagrosa, los funcionarios de pereza infinita, las secretarias de incapacidad permanente, los directivos de ego desmedido y nula valía, los conductores que desafían el peligro, los policías de placa rápida y los mandamases acomplejados. Entre otros muchos.
Vidajenear
Publicado el 13 Abril, 2010
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La palabra rara vidajenear se utiliza coloquialmente para referirse a la acción de fisgar, la fea costumbre de husmear, interesarse y/o entrometerse en la vida ajena. Alguien que vidajenea es sencilla y llanamente un cotilla, un metomentodo, una persona amiga de los chismes y de los cuentos.
Pocas cosas son más habituales en los pueblos pequeños que vidajenear: que si al Antonio, el marido de la Margari, le han despedido del trabajo; que si a Pepi y Luci, las hijas adolescentes del Manolo y la Juani, las han pillado fumando canutos en el instituto; que si “El Melenas”, el primo del panadero, le ha puesto los cuernos a “La Fresca” -qué paradoja-, la dueña del bar de la plaza, etc.
Así son las cosas y así las cuentan los porteros y las porteras de turno. El amarillismo hecho corneta. Abanderados de la crónica rosa. Siempre vigilantes, atentos a cada movimiento, con los rulos puestos y la lengua bien afilada. Dispuestos a vidajenear con más imaginación que argumentos.
En fin, yo vidajeneo, tú vidajeneas, él vidajenea,… Un verbo distinto que conjuga con gracia, una palabra rara más.
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